miércoles, 19 de agosto de 2015

Reviviendo la ciudad

Bahía Blanca, un día de semana, veredas angostas, esquivando puñados de cientos de gentes, ¡que caos fatal! Nuestro pequeño de 4 que deseaba jugar, correr, esconderse en cada tienda, y por supuesto mirar cada vidriera -digno hijo de su madre-. Del campo a la ciudad un poroto. Es que cuando te desacostumbrás a ese ritmo es muy difícil volver, tenés que tener 5 ojos, tu marido que te ignora y sigue de largo cuando fijás la mirada en alguna prenda u objeto, ni hablar si estás adentro de un local eligiendo para comprar; porque el tiene siempre esa suerte y eficiencia de ir derecho a sus intereses y que no haya nadie adelante por lo tanto el tipo en 5 minutos eligió y compró. Noooo, no se puede pretender lo mismo de nosotras !! Por lo tanto un día de paseo, el único día de la semana en familia, lejos de ser vivido como un relax te sube a una maroma difícil de sortear: por momentos las caras de pocos amigos predominan, de a ratos vuelve la armonía y los comentarios son buena onda y así. Con lo cual la conclusión se sirve de la nostalgia de saber que no hay nada como la libertad a la hora de salir de "shopping" y por su parte, el paseo en familia que la próxima vez sea aire libre, pelota y sandiwch de miga.