Yo lavaba los platos y bártulos con frenesí, absorta en pensamientos banales y olvidados.
Llegó, cual cachetada, el anuncio más temido. Ese que en la última semana nos habia estado rondando sin precisiones.
Siempre le pasa a otro. Siempre le pasó a otro. Y cuando te toca de cerca, no es cachetada sino piña. Duele. Como si le pasara a uno mismo, o quizá más. Que mas da.
Ves que ahora, para los demas, le está pasando a otro, es decir, a vos (porque mi viejo soy yo). Escuchas las palabras convenientes de siempre aunque llenas de buenas intenciones pero incapaces, algunas, de realmente comprender. Esas que decimos a menudo. Que joya es el silencio, a veces. A veces no.
Y ahora el mundo ya es otro. Todo cambia. Pero uno cree que no. Que cambia todo menos tu vida. El eterno retorno tendria sentido. Pienso cada vivencia y la reitero, la revivo. La quiero de vuelta. La extraño.
Tomo con entrega inevitable, mi destino. El destino de mi viejo es ahora el mío.
Nada parece ocupar su lugar primordial. Lo sólido se ha desvanecido en el aire. Todo puede esperar, incluso detenerse... o eso pido desde el grito ahogado del silencio a quienes me entienden sin preguntar.
La vida de repente ahora es mas veloz. Te resfrega la pelicula y te acorrala en un año donde todo se fue de orbita. Todos doliendo andamos.
Y no se puede escapar a uno y a esa locura de pensar.
Se sigue sin mas, llorando por los rincones y en privado.
Se reza. Se pena. Se sabe.
Y yo ahora entiendo eso de no ser el mismo. Ni vos ni yo, pa.
La pelota siempre al 10.
Amor eterno.
Ga❤
