miércoles, 2 de septiembre de 2020

Mi viejo. El mundo.

 Yo lavaba los platos y bártulos con frenesí,  absorta en pensamientos banales y olvidados.

Llegó, cual cachetada, el anuncio más temido. Ese que en la última semana nos habia estado rondando sin precisiones.

Siempre le pasa a otro. Siempre le pasó a otro. Y cuando te toca de cerca, no es cachetada sino piña. Duele. Como si le pasara a uno mismo, o quizá más. Que mas da.

Ves que ahora, para los demas, le está pasando a otro, es decir, a vos (porque mi viejo soy yo). Escuchas las palabras convenientes de siempre aunque llenas de buenas intenciones pero incapaces, algunas, de realmente comprender. Esas que decimos a menudo. Que joya es el silencio, a veces. A veces no.

Y ahora el mundo ya es otro. Todo cambia. Pero uno cree que no. Que cambia todo menos tu vida. El eterno retorno tendria sentido.  Pienso cada vivencia y la reitero, la revivo. La quiero de vuelta. La extraño.

Tomo con entrega inevitable, mi destino. El destino de mi viejo es ahora el mío. 

Nada parece ocupar su lugar primordial. Lo sólido se ha desvanecido en el aire. Todo puede esperar, incluso detenerse... o eso pido desde el grito ahogado del silencio a quienes me entienden sin preguntar.

La vida de repente ahora es mas veloz. Te resfrega la pelicula y te acorrala en un año donde todo se fue de orbita. Todos doliendo andamos.

Y no se puede escapar a uno y a esa locura de pensar.

Se sigue sin mas, llorando por los rincones y en privado. 

Se reza. Se pena. Se sabe.

Y yo ahora entiendo eso de no ser el mismo. Ni vos ni yo, pa.

La pelota siempre al 10.

Amor eterno.

Ga❤


martes, 19 de julio de 2016

Que fluya

Cosas que pasan y cosas que no pasan.
Esa inquietud subyacente, siempre latente. Algo más, siempre algo más. Freudiano.
Inseguridad y desapegos por uno lado; animosidad, reclamos y coraje por otro. "Gatafloriano".
Y asi transcurren los últimos días, con la ventaja de los deseos: de libertad, de liberacion, de soltar, de abrir, de cantar, de permisos, de poder y hacer.

Planos de reflexión e introspección siempre míos, con unos puntos suspensivos para escuchar la tortuga Manuelita de María Elena Walsh con mi pequeña hija. Al rescate de lo cotidiano: la simplicidad del día, la inocencia de los chicos, la reunión de las 7, la cena con amigas.

Y que fluya lo que viene.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Reviviendo la ciudad

Bahía Blanca, un día de semana, veredas angostas, esquivando puñados de cientos de gentes, ¡que caos fatal! Nuestro pequeño de 4 que deseaba jugar, correr, esconderse en cada tienda, y por supuesto mirar cada vidriera -digno hijo de su madre-. Del campo a la ciudad un poroto. Es que cuando te desacostumbrás a ese ritmo es muy difícil volver, tenés que tener 5 ojos, tu marido que te ignora y sigue de largo cuando fijás la mirada en alguna prenda u objeto, ni hablar si estás adentro de un local eligiendo para comprar; porque el tiene siempre esa suerte y eficiencia de ir derecho a sus intereses y que no haya nadie adelante por lo tanto el tipo en 5 minutos eligió y compró. Noooo, no se puede pretender lo mismo de nosotras !! Por lo tanto un día de paseo, el único día de la semana en familia, lejos de ser vivido como un relax te sube a una maroma difícil de sortear: por momentos las caras de pocos amigos predominan, de a ratos vuelve la armonía y los comentarios son buena onda y así. Con lo cual la conclusión se sirve de la nostalgia de saber que no hay nada como la libertad a la hora de salir de "shopping" y por su parte, el paseo en familia que la próxima vez sea aire libre, pelota y sandiwch de miga.

lunes, 7 de abril de 2014

Empezar

No para de llover. Hacía falta el agua, pero ya por demás molesta, típico. Suena "No woman, no cry". Y yo con nada particular, y a la vez algo no menor: emabarazada y con revuelo hormonal. Hace rato pateo las ganas de escribir de todo porque no me sale nada. Pero hoy y desde hace meses me revolotea una frase: LA VIDA ME PARECE UN LUGAR TAN NORMAL. Un pensamiento triste de desarraigo futuro, del inevitable final. Creemos que pertenecemos a la vida, sólo por respirar. Y nos parece normal el vivir, con sus olores, personas y lugares; como si fuesen nuestros, como si fuésemos dueños. Quizá este pensar es el clic cuando la rutina arrasa, cual chisquido para reconocerme realmente viva, con ganas de cambiar el mundo. 

 Ga.